|
JORGE
ELIECER GAITAN .
Por: Mauricio Archila
Neira.
Tomado
de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Enero 1999. No.109
 |
Jorge
Elieccer Gaitan Ayala.
Fotografía, ca. 1936.
Museo de Desarrollo Urbano, Bogotá.
|
|
|
La
importancia histórica de Jorge Eliécer
Gaitán (1903-1948) no radica en
que hubiera podido ser presidente de Colombia
de no haber sido asesinado el 9 de abril,
sino en lo que representó como dirigente
político y en la huella que dejó en
el país nacional. Un repaso de los
principales momentos de su vida ilustra
esta afirmación.
|
En
su tesis de grado como abogado de la Universidad
Nacional en 1924, Gaitán se declaró socialista
y hasta incorporó muchos de los postulados
marxistas en su lectura de la realidad. Sin embargo,
no proponía un cambio radical del sistema
sino una transformación gradual que beneficiaria
no sólo a las clases populares sino a sectores
medios y de empresarios. Para ello proponía
apoyarse en el partido liberal. Años después,
y luego de un corto viaje de estudios a Italia,
se haría conocer públicamente por
sus denuncias en el Congreso sobre la masacre de
las bananeras de 1928. Esto le labró una
aureola de defensor de los sectores más
excluidos de la sociedad, cosa que además
practicó como abogado. Su profesión
también le aportó una confianza casi
ciega en el sistema jurídico y en las posibilidades
personales de redención de las clases menos
favorecidas, rasgos de su posterior caudillismo.
A
lo largo de su trayectoria política fue
consecuente con la estrategia del cambio desde
el partido liberal, salvo a principios de los años
30 cuando creé la efímera Unión
Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR). Gaitán
sostuvo en esta oportunidad que ambos partidos
tradicionales compartían el mismo proyecto
oligárquico. Tampoco consideraba al flamante
partido comunista como la alternativa, pues proclamaba
un cambio revolucionario de la economía
capitalista y del Estado, elementos que Gaitán
consideraba cruciales en su estrategia de transformación
gradual. Aunque el lenguaje del unirismo era bastante
radical, nacionalista y hasta marxista, muy similar
al estilo del APRA peruano, no faltaron alusiones
de simpatía por Benito Mussolini. Se hacían
evidentes los principales componentes del discurso
gaitanista: cambio pacifico y gradual, alianza
entre clases populares y empresariales, nacionalismo
moderado y oscilaciones en el lenguaje entre el
marxismo y el fascismo. En la práctica,
la UNIR no logró ser un partido de masas,
sino que se limitó a controlar algunas asociaciones
campesinas en el Sumapaz y sindicatos, especialmente
del transporte, en las grandes ciudades. Luego
del fracaso electoral de 1934, Gaitán retornó a
las filas liberales para no apartarse más
de ellas.
El
presidente López Pumarejo premió este
gesto años después con la alcaldía
de Bogotá. Fue la primera vez que Gaitán
ejerció autoridad y, la verdad, no le fue
bien. Al llevar a la práctica sus ideas
de educación del pueblo, le otorgó prioridad
a la higiene y a la presentación personal
como símbolos de mejoramiento social. Por
ello prohibió el uso de ruanas y alpargatas
en la ciudad e intentó uniformar a lustrabotas
y chóferes. Estos, en respuesta, organizaron
una huelga que lo obligó a renunciar. De
la amarga experiencia sacó la lección
de oír más a los sectores populares
en sus necesidades reales.
Su
paso posterior por los ministerios de Educación
y de Trabajo fue más exitoso y le garantizo
las simpatías de maestros y de trabajadores
de base. Cuando la segunda administración
de López Pumarejo estaba derrumbándose,
Gaitán se lanzó a la oposición
denunciando duramente a su antiguo benefactor y
a sus aliados, el comunismo y la CTC entre ellos.
El choque con el sindicalismo marcar al movimiento
gaitanista que, al contrario de otros populismos
del subcontinente, como el peronista, no contar
con organizaciones sociales distintas de los comandos
de base propios. Ello y el rígido control
caudillista, hicieron que el movimiento prácticamente
desapareciera a la muerte de su dirigente.
Otros
rasgos del gaitanismo de los años cuarenta
fue su imprecisión programática.
Lo más cercano fue el discurso del Teatro
Colón en 1945, que se podría sintetizar
en una reforma agraria moderada que fortaleciera
la economía campesina; una política
tributaria que grabar? las tierras y la renta,
más no las ganancias industriales y los
salarios; la nacionalización de algunas
industrias como la petrolera y el transporte, no
así la banca; la participación de
los trabajadores en las utilidades de algunas industrias
y la representación del gobierno en las
juntas directivas de todas las empresas privadas.
En síntesis, era un programa de orden corporativo
que buscaba industrializar al Pals sin amenazar
el capitalismo. Pero más que un programa
atractivo, lo que explica el éxito de Gaitán
fue la canalización del desencanto popular
con las promesas frustradas de la República
Liberal.
A
pesar de lo impreciso y moderado del programa de
gobierno, Gaitán asusto a las elites de
los dos partidos, posiblemente por la eficacia
con la que movilizó a los sectores excluidos
de la ciudad y el campo, sin distingos de color
político. Las impresionantes concentraciones
convocadas por el caudillo mostraban su magnetismo
y su control de las multitudes. Aun muerto fue
un dolor de cabeza para las elites, no sólo
por la insurrección urbana que desató sino
por la inestabilidad que podría seguir generando.
Su entierro tuvo que ser pospuesto por varios días
y, contra la tradición política de
sepultar en el Cementerio Central a los grandes
personajes, se le dio la casa por tumba. Con el
tiempo se trató de borrar su herencia por
la combinación del olvido con la integración
de lo que quedó de sus cuadros así como
de algunos elementos programáticos al partido
liberal. Su legado, sin embargo, parece sobrevivir
en la mentalidad popular, en la misma forma inorgánica
en que Gaitán lo alimentó. El gaitanismo
fue sin duda uno de los mejores ejemplos de movilización
socio-política y de expresión pública
de los sectores excluidos que rara vez participan
en la vida nacional. Por eso, aunque Jorge Eliécer
Gaitán nunca gobernó al país,
es un referente ineludible cuando se habla de la
política moderna en Colombia.
|